Moralidades actuales
Moralidades actuales —Esta mañana me aparecà modestamente a un empleado del ferrocarril. Le anuncié por el ventanillo de su escritorio que Messina no existirá dentro de dos dÃas. A ti te anuncio además la ruina de Reggio. Se acerca el mayor cataclismo de la Historia. Somos muy débiles allá arriba, PÃo. Vemos el porvenir sin ser capaces de detenerlo, y envidiamos a los mortales que tampoco evitan el fatal futuro, pero siquiera lo ignoran. ¡Santo Dios! Esos niños destrozados… ¿por qué?, ¿por qué?
Y la Madre dejó rodar dos lágrimas hasta las manos trémulas de PÃo.
Dos dÃas después, la inmensa catástrofe. Y en el alma del Vicario, catástrofe doble. Su fe resistÃa, pero sangraba. Como hombre, como italiano, los horrores del terremoto le impresionaron al punto de perder la salud. Un áspero consuelo —el único— hubiera sido la certeza de que aquello era la voluntad del Eterno, y he aquà que la aparición de MarÃa le desconcertaba. SabÃa cuán difÃcil es, en los expedientes de canonización, distinguir los milagros impostores de los divinos. El demonio también es mago, y más ingenioso que los ángeles. ¿Qué hacer? ¿Rechazar el dolor de la Madre, y aquellas lágrimas que perfumaban aún las manos creyentes? ¿Aceptar la impotencia del Todopoderoso? Y en la soledad de su magnÃfico palacio, el pobre Infalible luchaba con la incertidumbre.