Moralidades actuales
Moralidades actuales ¡Oh, salvadora, dulcísima sangre, rica y tibia, eyaculada al sol por las carótidas! ¡Bebed, hermanos! ¡Gracias, Deibler! Dios, apenas creó los seres vivos, se enamoró de la sangre, instituyó el sacrificio; «el sacerdote degollará la ofrenda, y los hijos de Aarón esparcirán su sangre sobre el altar». Y más tarde fuimos nosotros los que quisimos la sangre de nuestro Dios. El gentío que aclamó en Bethuen al verdugo era el mismo que gritaba hace veinte siglos: «crucifícale». Y las pocas supersticiones vivaces que nos restan de la caduca religión católica son las que están impregnadas de sangre, las que nos muestran despedazado a Jesús, el lindo Jesús de cromo, el amante que favorece a sus santas predilectas, como a Margarita de Cortona, dándolas a chupar la llaga de su divino costado.