Moralidades actuales
Moralidades actuales Viento. Mentiras que pasan. No se entrega nuestro ser a un puñado de frases. Nuestras entrañas están muy hondas. No es el clamor palabrero el que llega hasta ellas, sino el silencio y la meditación del libro. Id a los parlamentos, a las cátedras y a las iglesias, los que no tenéis entrañas. Id en rebaños; vuestras conciencias, igual que los cuerpos, no se tocan entre sà más que en sus superficies; eso os basta, a vosotros que sois únicamente superficie y corteza. Id: la voz despótica atronará vuestra vacuidad interior, mentes desalquiladas. Id innumerables, alargad a la vez las orejas, y felicitaos de volver cargados de ecos, y dichosos de vuestra docilidad. Para nosotros, el libro cortés, que no nos aturde a destiempo, ni nos soba, ni nos pisa, ni nos abruma; el libro, nuestro por siempre, desnudo y amoroso, que nos da de él lo que queramos tomar, lo que reconozcamos nuestro; el libro mudo, sin retrato de autor; el libro impersonal, abstracto, que preferirÃamos sin nombre en la portada, tÃtulo, firma, ni fecha, pedazo de espÃritu caÃdo al mundo para nuestra comunión ideal. Vosotros necesitáis una caja de resonancia, teatro, circo, la promiscuidad de los que acuden a venerar un saltimbanqui. Nosotros, la soledad.
Oradores, España, Moret, Santiago de Cuba. En el colegio me obligaron a reÃrme con el epigrama clásico:
Para orador te faltan más de cien
Para arador te sobran más de mil.