Moralidades actuales
Moralidades actuales «La mato porque la amo».
¿Hay quien crea al insensato que esto diga? Sí, señor, y no sólo las porteras lacrimosas y las señoritas traslúcidas, sino una gran parte del ilustrado público y hasta los mismos jueces. ¡Ay del que mata por odio, por miedo o por hambre! ¡Bienaventurado el que mata por excesiva ternura! Si no completó armoniosamente el consabido «cuadro de horror» saltándose los sesos, vaya seguro a los Tribunales; el jurado, inclinándose ante la hazaña, pondrá en libertad al héroe, y las damas se interesarán por un tenorio tan bruto.
Asesinos se encuentran más interesantes. Wainewright, pintor y literato inglés, envenenó a su mujer porque esta señora tenía los tobillos demasiado gruesos. ¡Pobre pintor! ¡Cuántas indecibles torturas sufrió, él, tan artista, tan exquisito, al contemplar a todas horas la fealdad de los tobillos conyugales! Un jurado de estetas hubiera absuelto a Wainewright ¿no es cierto?, un jurado hipersensible, un jurado del porvenir.