Moralidades actuales
Moralidades actuales De niño me inculcaron con seriedad que se debe decir la casa y no el casa; yo como y no yo comes. Se obstinaron igualmente en asegurarme que tarde es un adverbio y sobre una preposición. Cuando habÃa aprendido bien una regla me descubrÃan que no era tal regla, que habÃa numerosas excepciones, las cuales a su vez tenÃan excepciones. Al fin me libraron del colegio y me di prisa en olvidar cuanto en él habÃa sucedido. Con asombro noté que no me hacÃa falta saber gramática para hablar en castellano.
Asombroso me pareció también que personas que no conocen la anatomÃa ni la fisiologÃa del estómago digieran durante largos años imperturbablemente. Cuando me hube habituado a estos hechos, sospeché que las reglas no tienen quizá la importancia que los académicos y los dómines quisieran. Leà verdaderos libros, y vi que el talento y el genio suelen fundar la gramática futura sin molestarse en saludar la presente. La policÃa aduanesca de mis profesores perdÃa su prestigio. De dictadores pasaban a copistas. Encargados de medir el idioma, creÃan engendrarlo.
—Hombre se escribe con h —me corrigieron un dÃa.
—¿Por qué? —pregunté, tÃmido.
—Porque viene del latÃn homo.
—¿Por qué entonces no escribimos todo igual: homo?