Peter Pan
Peter Pan Mientras cosÃa se pusieron a jugar a su alrededor, formando un grupo de caras alegres y piernas y brazos danzantes iluminados por aquella romántica lumbre. HabÃa llegado a convertirse en una escena muy familiar en la casa subterránea, pero la estamos contemplando por última vez. Se oyó una pisada arriba y os aseguro que Wendy fue la primera en reconocerla.
—Niños, oigo los pasos de vuestro padre. Le gusta que lo recibáis en la puerta.
Arriba, los pieles rojas estaban arrodillados ante Peter.
—Vigilad bien, valientes, he dicho.
Y luego, como tantas otras veces, los alegres niños lo sacaron a rastras de su árbol. Como tantas otras veces, pero ya nunca más. HabÃa traÃdo nueces para los chicos asà como la hora exacta para Wendy.
—Pero, los estás malcriando, ¿sabes? —dijo Wendy con la baba caÃda.
—SÃ, mujer —dijo Peter, colgando su rifle.
—Fui yo quien le dijo que a las madres se las llama mujer —le susurró Michael a Rizos.
—Quiero quejarme de Michael —dijo Rizos al instante.
El primer gemelo se acercó a Peter.
—Papá, queremos bailar.
—Pues baila, baila, jovencito —dijo Peter, que estaba de muy buen humor.