Peter Pan
Peter Pan —No lo irritéis sin necesidad —les habÃa recomendado Wendy en la bodega, de forma que Lelo dio un paso adelante cortésmente. Lelo aborrecÃa la idea de servir a las órdenes de semejante hombre, pero un instinto le dijo que serÃa prudente atribuir la responsabilidad a una persona ausente y, aunque era algo tonto, sabÃa que sólo las madres están siempre dispuestas a hacer de parachoques. Todos los niños saben que las madres son asà y las desprecian por eso, pero se aprovechan de ello constantemente.
Asà que Lelo explicó con prudencia:
—Verá usted, señor, es que no creo que a mi madre le gustara que yo fuera pirata. ¿Le gustarÃa a tu madre que fueras pirata, Presuntuoso?
Le guiñó un ojo a Presuntuoso, quien dijo apesadumbrado:
—No creo —como si deseara que las cosas no fueran as×. Gemelo, ¿a tu madre le gustarÃa que fueras pirata?
—No creo —dijo el primer gemelo, tan despabilado como los otros—. Avispado, ¿a tu madre…?
—Basta de cháchara —rugió Garfio y los portavoces fueron arrastrados a su sitio.
—Tú, chico —dijo, dirigiéndose a John—, parece que tú tienes algo de agallas. ¿No has querido nunca ser pirata, valiente?