Peter Pan
Peter Pan —Campanilla —llamó en voz baja, tras asegurarse de que los niños estaban dormidos—. Campanilla, ¿dónde estás?
En ese momento estaba en un jarro, disfrutando de lo lindo: no habÃa estado en un jarro en su vida.
—Vamos, sal de ese jarro y dime, ¿sabes dónde han puesto mi sombra?
Un tintineo maravilloso como de campanas doradas le contestó. Ese es el lenguaje de las hadas. Los niños normales no lo oÃs nunca, pero si lo pudierais oÃr os darÃais cuenta de que ya lo habÃais oÃdo en otra ocasión.
Campanilla dijo que la sombra estaba en la caja grande. QuerÃa decir la cómoda y Peter se lanzó sobre los cajones, tirando lo que contenÃan al suelo con las dos manos, del mismo modo en que los reyes lanzan monedas a la muchedumbre. Al poco ya habÃa recuperado su sombra y con el entusiasmo se olvidó de que habÃa dejado a Campanilla encerrada en el cajón.
Lo único que pensaba, aunque no creo que pensara jamás, era que su sombra y él, cuando se juntaran, se unirÃan como dos gotas de agua y cuando no fue asà se quedó horrorizado. Intentó pegársela con jabón del cuarto de baño, pero eso también falló. Un escalofrÃo recorrió a Peter, que se sentó en el suelo y se echó a llorar.