Peter Pan
Peter Pan No se veÃa nada horrendo en el aire, pero su marcha se habÃa hecho lenta y penosa, igual que si estuvieran abriéndose paso a través de unas fuerzas hostiles. A veces se quedaban inmóviles en el aire hasta que Peter los golpeaba con los puños.
—No quieren que bajemos —les explicó.
—¿Quiénes? —susurró Wendy, estremeciéndose.
Pero él no lo sabÃa o no lo querÃa decir. Campanilla habÃa estado durmiendo en su hombro, pero ahora la despertó y le hizo ponerse en vanguardia.
De vez en cuando se paraba en el aire, escuchando atentamente con una mano en la oreja y volvÃa a mirar hacia abajo con los ojos tan brillantes que parecÃan horadar dos agujeros en la tierra. Una vez hecho esto, seguÃa adelante de nuevo.
Su valor casi producÃa espanto.
—¿Queréis correr una aventura ahora —le preguntó a John muy tranquilo—, o preferÃs tomar el té primero?
Wendy dijo «el té primero» apresuradamente y Michael le apretó la mano agradecido, pero John, más valiente, titubeaba.
—¿Qué clase de aventura? —preguntó con cautela.
—Tenemos un pirata dormido en la pampa justo debajo de nosotros —le dijo Peter—. Si quieres, bajamos y lo matamos.