Peter Pan
Peter Pan —No me interrumpas —le rogaba—. Aquà tengo una libra con diecisiete y dos con seis en la oficina; puedo prescindir del café en la oficina, pongamos diez chelines, que hacen dos libras, nueve peniques y seis chelines, con tus dieciocho y tres hacen tres libras, nueve chelines y siete peniques… ¿quién está moviéndose?… ocho, nueve, siete, coma y me llevo siete… no hables, mi amor… y la libra que le prestaste a ese hombre que vino a la puerta… calla, niña… coma y me llevo, niña… ¡ves, ya está mal!… ¿he dicho nueve libras, nueve chelines y siete peniques? SÃ, he dicho nueve libras, nueve chelines y siete peniques; el problema es el siguiente: ¿podemos intentarlo por un año con nueve libras, nueve chelines y siete peniques?
—Claro que podemos, George —exclamó ella. Pero estaba predispuesta en favor de Wendy y, en realidad, de los dos, él era quien tenÃa un carácter más fuerte.
—Acuérdate de las paperas —le advirtió casi amenazadoramente y se puso a calcular otra vez—. Paperas una libra, eso es lo que he puesto, pero seguro que serán más bien treinta chelines… no hables… sarampión una con quince, rubeola media guinea, eso hace dos libras, quince chelines y seis peniques… no muevas el dedo… tos ferina, pongamos que quince chelines…