Las flores del mal
Las flores del mal Spleen
Cuando el cielo bajo y cargado pesa como una losa
sobre el espíritu gemebundo víctima de pesares permanentes,
y abarcando el cerco de todo del horizonte
nos echa encima un día negro más triste que las noches;
cuando la tierra se ha convertido en calabozo húmedo
en el que la Esperanza, lo mismo que un murciélago,
huye azotando los muros con sus tímidas alas
y dando cabezazos en los techos podridos;
cuando la lluvia, dejando caer sus regueros inmensos,
imita los barrotes de una enorme prisión,
y una muchedumbre muda de infames arañas
viene a colgar sus hilos en lo más hondo de nuestros cerebros,
de pronto, las campanas irrumpen con furia
y lanzan hacia el cielo un horrendo alarido,
como el de los espíritus errantes y sin patria
que se ponen a gemir tozudamente.
—Y grandes carrozas fúnebres, sin tambores ni música,