Las flores del mal
Las flores del mal Paisaje
Quiero, para componer castamente mis églogas,
dormir cerca del cielo, igual que los astrólogos,
y, vecino de los campanarios, escuchar entre sueños
sus himnos solemnes llevados por el viento.
Apoyando el mentón en las dos manos, desde lo alto de mi buhardilla,
veré el taller que canta y parlotea;
las chimeneas, los campanarios, esos mástiles de la ciudad,
y los cielos abiertos que hacen pensar en la eternidad.
Es dulce ver nacer entre las brumas
la estrella en el cielo, la lámpara en la ventana,
cómo suben los ríos de carbón al firmamento
y la luna derrama su pálido embrujo.
Veré las primaveras, los veranos, los otoños;
y cuando llegue el invierno de monótonas nieves,
cerraré por todas partes ventanas y postigos
para edificar en la noche mis mágicos palacios.