Las flores del mal
Las flores del mal El cisne
A Victor Hugo
¡Andrómaca[32], en ti pienso! Este pequeño río,
espejo pobre y triste donde resplandeció hace tiempo
la inmensa majestad de tu dolor de viuda,
este Simois[33] engañoso que crece con tu llanto,
de pronto ha fecundado mi memoria fértil,
mientras atravesaba el nuevo Carrousel[34].
El viejo París ya no existe (la forma de una ciudad
cambia más aprisa, ¡ay!, que el corazón de un mortal);
solo con el recuerdo veo todo aquel campo de casuchas,
esos hacinamientos de capiteles insinuados y de fustes,
las hierbas, los toscos sillares con verdín del agua de los charcos,
y brillando en las ventanas, el gran batiburrillo.
Allí antes se instalaba una casa de fieras;
allí vi, una mañana, cuando bajo los cielos
fríos y claros se despierta el Trabajo, cuando el ajetreo