Las flores del mal
Las flores del mal igual que si fuera vuestro padre, ¡oh prodigio!,
gozo sin que os deis cuenta placeres clandestinos:
veo cómo florecen vuestras pasiones juveniles;
vivo vuestros días perdidos, fueran sombríos o claros;
¡mi corazón multiplicado disfruta con todos vuestros vicios!,
¡mi alma resplandece con todas vuestras virtudes!
¡Ruinas!, ¡familia mía!, ¡oh mentes de mi misma especie!
¡Cada noche os dedico una solemne despedida!
¿Dónde estaréis mañana, Evas octogenarias,
sobre quienes pesa la garra espantosa de Dios?
