Las flores del mal
Las flores del mal Danza macabra
A Ernest Christophe
Orgullosa de su noble esbeltez, tanto como quien vive,
con su gran ramillete, su pañuelo y sus guantes,
tiene ella la indolencia y la desenvoltura
de una coqueta flaca de porte extravagante.
¿Se vio nunca en un baile un talle más delgado?
Su vestido excesivo, en su regia amplitud,
cae copiosamente sobre el pie desecado que aprieta
un zapato con borlas, lindo como una flor.
La gorguera que adorna la curva de las clavículas,
como arroyo lascivo que va rozando rocas,
defiende pudorosa de las bromas ridículas
los fúnebres encantos que ella insiste en cubrir.
Sus ojos profundos son mezcla de vacío y de tinieblas,
y su calavera, artísticamente tocada con flores,
oscila casi suelta sobre débiles vértebras.
¡Oh embrujo de una nada locamente atildada!
Te llamarán caricatura algunos
