Las flores del mal
Las flores del mal El gusto por la mentira
Cuando te veo pasar, oh amada mía indolente,
acoplando tu garbo armonioso y tranquilo
al canto de los instrumentos que se quiebra en el techo,
y paseando el tedio de tu mirar profundo;
cuando contemplo, a las luces del gas que la tiñe,
tu frente pálida, embellecida por un mórbido atractivo,
donde las antorchas nocturnas encienden una aurora,
y tus ojos que atraen como los de un retrato,
me digo: ¡Qué hermosa es!, ¡y qué extrañamente juvenil!
El recuerdo aplastante, esa torre tosca y regia,
la corona; y su corazón, dañado como un durazno,
está maduro, al igual que su cuerpo, para el amor más sabio.
¿Eres tú la fruta otoñal de sabores supremos?
¿Eres urna mortuoria que aguarda algún llanto,
perfume que hace soñar en oasis remotos,
