Las flores del mal
Las flores del mal otra desde la cofa grita ardiente y alocada:
«¡Amor…, gloria…, felicidad!» ¡Maldición!, ¡es un escollo!
Cada islote que indica el vigÃa
es un Eldorado prometido por el Destino;
la Imaginación que prepara su orgÃa
solo encuentra un peñasco a la luz de la mañana.
¡Oh el pobre enamorado de los paÃses quiméricos!
¿HabrÃa que encerrarlo, que tirarlo a la mar,
a ese marinero borracho, inventor de Américas
cuyo espejismo hace más amargo el piélago?
Asà el viejo vagabundo que chapotea en el barro
y está en las nubes, sueña con radiantes paraÃsos;
su ojo encandilado descubre una Capua[60]
allà donde la vela ilumina un cuchitril.
¡Asombrosos viajeros! ¡Qué nobles historias
leemos en vuestros ojos profundos como los mares!
¡Abridnos los estuches de vuestras ricas memorias,