Las flores del mal
Las flores del mal El mal monje
Sobre sus altos muros, los claustros antiguos
exponÃan en cuadros a la santa Verdad,
cuya impresión, caldeando las piadosas entrañas,
templaba el frÃo de su austeridad.
En aquel tiempo, cuando crecÃa la siembra del Cristo,
más de un ilustre monje, hoy ya poco citado,
tomando por taller el campo funerario,
glorificaba a la Muerte con naturalidad.
—Mi alma es una tumba que yo, mal cenobita,
desde la eternidad habito y que recorro;
nada embellece los muros de este claustro odioso.
¡Oh monje holgazán! ¿Cuándo sabré yo hacer
con el vivo espectáculo de mi triste miseria
la obra de mis manos y el amor de mis ojos?

