Las flores del mal
Las flores del mal crepita ardiendo y dice: ¡Bendita sea esta llama!
El enamorado jadeante inclinado hacia su bella
parece un moribundo que acaricia su tumba.
Vengas del cielo o del infierno, ¿qué importa,
¡oh belleza, monstruo inmenso, pavoroso, ingenuo!,
si tus ojos, tu risa, tu pie, me abren la puerta
de un Infinito que amo y nunca he conocido?
De Satán o de Dios, ¿qué importa? Ángel o Sirena,
¿qué importa, si tú —hada de ojos de terciopelo,
ritmo, fulgor, perfume, ¡oh mi única reina! —consigues que sean
el universo menos horrible y los instantes más ligeros?
