Las flores del mal
Las flores del mal Con sus vestidos ondulantes y nacarados,
hasta cuando camina se dirÃa que baila,
como esas largas serpientes que los juglares hieráticos
agitan cadenciosamente en la punta de sus varas.
Como la arena lúgubre y el cielo del desierto,
insensibles los dos al sufrimiento humano,
como las largas redes del oleaje marino,
ella se desenvuelve con indiferencia.
Sus ojos bruñidos están hechos de minerales mágicos,
y en esa naturaleza simbólica y extraña
donde el ángel inmaculado se une a la esfinge antigua,
donde no hay más que oro, acero, luz y diamantes,
resplandece para siempre, igual que un astro inútil,
la frÃa majestad de la mujer estéril[13].

