Paraisos artificiales
Paraisos artificiales «En Oxford vi con frecuencia a Levana en mis sueños. La conocía por sus símbolos romanos». ¿Pero quién es Levana? Era la diosa romana que presidía las primeras horas del niño, la que, para decirlo así, le confería la dignidad humana. «En el momento del nacimiento, cuando el niño probaba por vez primera la atmósfera turbia de nuestro planeta, lo depositaban en el suelo. Pero casi inmediatamente, temiendo que una criatura tan grande se arrastrase por el suelo durante más de un instante, el padre, como mandatario de la diosa Levana o algún pariente cercano como mandatario del padre, lo levantaba en el aire y le ordenaba que mirase hacia arriba, como correspondía al rey del mundo, y presentaba la frente del niño a las estrellas, diciendo en su corazón tal vez a éstas: “¡Contemplad a quien es más grande que vosotras!”. Este acto simbólico representaba la función de Levana. Y esa diosa misteriosa que jamás ha mostrado sus facciones (excepto a mí, en mis sueños) y que siempre ha actuado por delegación, toma su nombre del verbo latino levare, levantar en el aire, mantener elevado».