Paraisos artificiales
Paraisos artificiales Hoffmann había armado un raro barómetro psicológico destinado a mostrarle las diferentes temperaturas y los fenómenos atmosféricos de su alma. En él se encuentran divisiones tales como éstas: «tendencia ligeramente irónica atemperada por la indulgencia; amor a la soledad con profunda satisfacción de mí mismo; júbilo musical, entusiasmo musical, tempestad musical, alegría sarcástica insoportable para mí mismo, aspiración a salir de mi yo, objetividad excesiva y fusión de mi ser con la naturaleza». No es necesario decir que las divisiones del barómetro moral de Hoffmann se hallaban acotadas de acuerdo con el orden de su generación como en los barómetros corrientes. Me parece que entre ese barómetro psicológico y la explicación de las cualidades musicales de los vinos existe una fraternidad evidente.
Hoffmann comenzaba a ganar dinero cuando se lo llevó la muerte. La fortuna le sonreía. Como nuestro querido y gran Balzac, sólo en los últimos tiempos vio brillar la aurora boreal de sus esperanzas más antiguas. En esa época los editores, que se disputaban sus cuentos para los almanaques, tenían la costumbre, para obtener su favor, de acompañar sus envíos de dinero con un cajón de vinos franceses.
II
