Poemas en prosa
Poemas en prosa Difícilmente conseguí que me entendiera, pero lo logré al cabo. Sólo que entonces me contestó con aire tristísimo, y, si no recuerdo mal, hasta apartando de mí los ojos:
—No sé…, no me acuerdo…
¿Qué rarezas no encuentra uno en una gran ciudad, cuando sabe andar por ella y mirar? En la vida, los monstruos inocentes pululan. ¡Señor, Dios mío! ¡Vos, el Creador; Vos, el Maestro; Vos, que hicisteis la ley y la libertad; Vos, el Soberano que deja hacer; Vos, el Juez que perdona; Vos, que estáis lleno de motivos y de causas, y que habéis puesto acaso en mi espíritu el gusto por el horror para convertir mi corazón, como la salud en la punta de una cuchilla; Señor, apiadaos, apiadaos de los locos y de las locas! ¡Oh, Creador! ¿Pueden existir monstruos ante los ojos de Aquel que sólo sabe por qué existen, cómo se han hecho y cómo hubieran podido no hacerse?