Poemas en prosa
Poemas en prosa «¿Quieres conocer mi poderÃo? —dijo la falsa diosa con su voz encantadora y paradójica—. Escucha».
Y se llevó a los labios una trompeta gigantesca y llena de cintas como un mirlitón, con los tÃtulos de todos los periódicos del universo, y a través de la trompeta gritó mi nombre, que rodó asà por el espacio con el ruido de cien mil truenos, y volvió a mà repercutido por el eco más lejano del planeta.
«¡Diablo —salté, casi subyugado—, eso es bonito!». Pero al examinar más atentamente al marimacho seductor me pareció reconocerla vagamente, por haberla visto brincar con algunos pilletes conocidos mÃos; y el ronco sonar del cobre me trajo a los oÃdos no sé qué recuerdo de trompeta prostituida.
Por eso respondÃ, con todo mi desdén: «¡Vete! ¡No estoy guisado para casarme con la querida de algunos que no quiero nombrar!».
TenÃa yo derecho, ciertamente, a estar orgulloso de tan valerosa abnegación. Mas, por desgracia, me despertó y todas mis fuerzas me abandonaron. «En verdad —me dije—, muy aletargado tenÃa que estar para mostrar tales escrúpulos. ¡Ay! ¡Si pudiesen volver cuando estoy despierto, no me las darÃa de tan delicado!».