Poemas en prosa
Poemas en prosa Deseo, ante todo, que mi gacetillero maldito me deje divertirme a mi gusto. «Pero ¿no siente usted nunca —me dice, en tono nasal archiapostólico— necesidad de compartir sus goces?». ¡Miren el sutil envidioso! ¡Sabe que desdeño los suyos y viene a insinuarse en los mÃos, el horrible aguafiestas!
«¡La desgracia grande de no poder estar solo!…» —dice en algún lado La Bruyère, como para avergonzar a todos los que corren a olvidarse entre la muchedumbre, temerosos, sin duda, de no poder soportarse a sà mismos.
«Casi todas nuestras desgracias provienen de no haber sabido quedarnos en nuestra habitación» —dice otro sabio, creo que Pascal, llamando asà a la celda del recogimiento a todos los alocados que buscan la dicha en el movimiento y en una prostitución que llamarÃa yo fraternitaria, si quisiera hablar la hermosa lengua de mi siglo.