Leyendas
Leyendas El paje, que era delgado, muy delgado, y amarillo como la muerte, se sonrió de una manera extraña al presentarse la brida. El caballo relincho con una fuerza que hizo estremecer el bosque; dio un bote increíble, un bote en que se levantó más de diez varas del suelo, y el aire comenzó a zumbar en los oídos del jinete como zumba una piedra arrojada por la honda. Había partido sal escape; pero aun escape tan rápido, que, temeroso de perder los estribos y caer a tierra turbado por el vértigo, tuvo que cerrar los ojos agarrarse con ambas manos a sus flotantes crines.