Leyendas
Leyendas Pulo vuelve el rostro, exhala un grito agudo y ligero como el del chakal, y retrocede diez pies de un solo salto haciendo brillar al mismo tiempo la hoja de su agudo puñal damasquino.
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¿Que ha puesto pavor en el alma del valiente caudillo? ¿A caso esos dos ojos que brillan en la oscuridad son los del manchado tigre o los de la terrible serpiente? No. Pulo no teme al rey de las selvas ni al de los reptiles; aquellas pupilas que arrojan lamas pertenecen a un hombre, y aquel hombre es su hermano.
Su hermano a quien arrebataba su único amor; su hermano, por quien estaba desterrado de Orisa; el que por ultimo juro su muerte si volvía a Kattak, poniendo la mano sobre el ara de su dios.
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