Leyendas
Leyendas -Schiwen, enemigo y extirpador de mi raza, si la sangre puede lavar mis culpas, apartando tu cólera de la frente de Siannah, recíbela como mi ultima ofrenda; pero concédeme, al menos, que antes de partir del mundo la contemple un instante por la postrera vez; que su boca reciba el frío y apagado aliento de la mía; que sus besos cierren mis párpados a la eterna noche de la tumba.
La muchedumbre que ocupa las naves del templo tiene fijos sus ojos en el príncipe y arroja un grito de horror.
Pulo se ha atravesado con su espada, y el caliente borbotón de sangre que brota de su herida salto humeando al rostro del genio.
En aquel instante, una mujer atraviesa el atrio de la pagoda y se adelanta hasta el recinto en que se eleva el ara de Schiwen.
-¡Siannah! -murmura el príncipe, reconociéndola-. Siannah, al fin te veo antes de morir -y expira.
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