Rimas y leyendas

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Como sugiere Rica Brown, no es extraño que Bécquer procurara mantenerse al margen de los movimientos políticos de entonces, dado su carácter. No obstante, cuando muere Narváez (abril de 1868) acompaña el féretro del político, como cuenta Julia Bécquer, sobrina del poeta. Con esta muerte González Bravo fue nombrado jefe del nuevo gobierno. El 29 de septiembre estalla la revolución, y con ella la caída de Isabel II. El palacio de González Bravo es saqueado y quizá durante este acontecimiento tiene lugar la desaparición del manuscrito de las rimas, que guardaba el protector del poeta. Con la llegada de Sagasta al ministerio de la Gobernación, vuelve Bécquer a cesar como censor de novelas. Los dos hermanos (Gustavo y Valeriano) marchan a Toledo.

El 17 de junio de 1868, es decir, antes de la revolución de Septiembre, Bécquer empieza a redactar el manuscrito del Libro de los gorriones (la fecha consta al pie del mismo). Era un proyecto, o mejor una colección de proyectos, como él mismo escribe, que parece tenía que ver poco con las Rimas. Si el libro de las rimas estaba todavía, como es lógico, en posesión de González Bravo, no tenía ningún sentido que las copiara por entonces al final del libro saltándose cientos de páginas del mismo. El cuaderno se lo proporcionó Francisco de Laiglesia, uno de los contertulios del café Suizo, al que acudía Bécquer. El propio Laiglesia cuenta así la anécdota:


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