Rimas y leyendas
Rimas y leyendas A la muerte de su hermano, Gustavo cambia de domicilio, que traslada a la calle de Claudio Coello; se reúne entonces con él Casta, quien, según la sobrina del poeta, consideraba a Valeriano como un enemigo. Cae después Bécquer en un abandono total, incluso fÃsico, si hacemos caso del testimonio de sus amigos. En diciembre de 1870, un dÃa de un frÃo intensÃsimo, Bécquer y Nombela, que se encontraban en la Puerta del Sol, deciden coger un ómnibus, que les llevará al barrio de Salamanca. Según cuenta el propio Nombela, los asientos del ómnibus están ocupados y Gustavo decide subir a la imperial del carruaje, donde queda algún sitio libre. Nombela trata de disuadirle a causa del frÃo, pero Gustavo se empeña y hacen el viaje. Los dos llegan enfermos a casa. Bécquer tiene que guardar cama y va empeorando poco a poco. El 20 de diciembre reúne toda su correspondencia y la quema en presencia de Augusto Ferrán. Se trataba de su correspondencia amorosa e Ãntima, y el poeta la rompe, según dice, «porque serÃa mi deshonra». Con ello se pierde uno de los testimonios más importantes para reconstruir su historia amorosa. El 22 de diciembre muere el poeta. Una de sus últimas recomendaciones fue que cuidaran de sus niños. Sus últimas palabras, según RodrÃguez Correa, fueron: «¡Todo mortal!». TenÃa entonces treinta y cuatro años. Durante el entierro de Bécquer, Casado del Alisal, el gran pintor, propuso a los amigos de éste (Campillo, RodrÃguez Correa, Ferrán) publicar sus obras, lo que en efecto hicieron al año siguiente. Se imprimió en la imprenta de Fortanet. El libro, en dos volúmenes, llevaba un emocionado prólogo de su amigo Ramón RodrÃguez Correa y un grabado del poeta yacente. Todos los testimonios de los amigos coinciden en considerar que lo que el mundo podÃa conocer del poeta después de muerto era un pálido reflejo de lo que habrÃa alcanzado con su madurez y lo que podrÃa haber realizado en ésta. Bécquer era consciente de que en vida habÃa sido subestimado. Según el testimonio de Ferrán, dijo antes de morir: «Si es posible publicad mis versos. Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor leÃdo que vivo». Este presentimiento se convirtió en una realidad que seguramente, por su magnitud, no hubiera llegado a sospechar el poeta.