Rimas y leyendas
Rimas y leyendas Al verla aparecer, los judÃos arrojaron un grito de sorpresa, y Daniel, dando un paso hacia su hija, en ademán amenazante, la preguntó con voz ronca:
—¿Qué buscas aquÃ, desdichada?
—Vengo a arrojar sobre vuestras frentes —dijo Sara con voz firme y resuelta— todo el baldón de vuestra infame obra, y vengo a deciros que en vano esperáis la vÃctima para el sacrificio, si ya no es que intentáis cebar en mà vuestra sed de sangre, porque el cristiano a quien aguardáis no vendrá porque yo le he prevenido de vuestras asechanzas.
—¡Sara! —exclamó el judÃo, rugiendo de cólera—. Sara, eso no es verdad; tú no puedes habernos hecho traición, hasta el punto de revelar nuestros misteriosos ritos, y si es verdad que los has revelado, tú no eres mi hija…
—No; ya no lo soy; he encontrado otro padre, un padre todo amor para los suyos, un padre a quien vosotros clavasteis en una afrentosa cruz y que murió en ella por redimirnos, abriéndonos para una eternidad las puertas del cielo. No; ya no soy vuestra hija, porque soy cristiana y me avergüenzo de mi origen.