Toledo
Toledo Una circunstancia especial daba mayor impulso á este progresivo aumento de las comunidades. Continuaban los árabes posesionados de gran parte de la Península; seguia, por consecuencia, la gloriosa y empeñada lucha que habia de terminar al pié de las murallas de Granada y los caballeros toledanos, que tomaban á sus hogares despues de haber dado nuevo esplendor á sus nombres con alguna conquista, y sus familias, que les veian volver despues de tantos peligros, no encontraban, siguiendo la idea dominante de la época, medio mejor de manifestar á Dios su agradecimiento por los beneficios recibidos, que la fundacion de una de estas casas, de donde la espresion de esta gratitud se debia elevar eternamente. En vano el Cardenal D. Pedro Gonzalez de Mendoza tomó á prohibir el que se edificase ni fundase monasterio alguno: esta prohibicion solo produjo su efecto durante la vida del Prelado, siguiendo despues con el mismo entusiasmo las fundaciones, que se hacian entonces, en su mayor parte, en los palacios y casas principales. Asi, en el palacio antiguo de los Reyes godos, se fundó el monasterio de San Agustin; en el de Doña Guiomar de Meneses, el de San Pedro Mártir; en la casa de los caballeros Pantojas, el de San Juan de la Penitencia; en la de la Rica—fembra Doña Leonor Urraca, despues Reina de Aragon, el de Santa Ana; en la de D. Hernando de la Cerda, el del Cármen; y en la de los Condes de Orgaz, el de Jesuitas.