Toledo

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El P. Cirilo se distinguió como orador sagrado desde el momento en que se ordenó de presbítero en 1805: asi es que á la irrupcion de los franceses en 1808, abandonada su cátedra del convento de Pinto despues del 2 de mayo, y refugiádose á Cádiz, habiendo permanecido algun tiempo en Córdoba y Málaga, en 1810 se hizo conocer en el púlpito en aquella ciudad, y mereció consideraciones de la Regencia entonces del reino. En ese año nombrado Presidente de la mision destinada al convento de Moquegua, en el Perú, arribó al puerto de Montevideo en julio del dicho año. Insurreccionado ya Buenos-Aires, y permaneciendo fiel á la madre patria la heróica ciudad de Montevideo, allí sin dejar de llenar las obligaciones propias del ministerio sacerdotal, en el púlpito y el confesonario, dió principio la que puede llamarse su vida política. Apenas regresó á la Península el desafortunado general D. Francisco Xavier Ello, y sucedidole en el mando de la importante plaza del dicho Montevideo y de la provincia oriental del Rio de la Plata, el respetabilísimo general D. Gaspar de Vigodet, habiendo oido uno de los sermones que predicó el P. Cirilo, le llamó á si, nombró capellan real, le encargó de la redaccion de la Gaceta oficial, y como su secretario privado le confió toda su correspondencia oficial con el gobierno establecido entonces en Cádiz, con el ministro plenipotenciario de S. M. en la córte del Brasil, y la difícil correspondencia entre el Almirante de las fuerzas navales de S. M. Británica en el Rio de la Plata y el mismo Sr. Vigodet. En las secretarias del despacho de la Guerra y de Ultramar de los años 11, 12, 13 y 14, deben hallarse numerosas comunicaciones reservadas del general Vigodet, escritas del propio puño del P. Cirilo.


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