Toledo
Toledo Sí; ya oigo las alegres cántigas de los trabajadores, y el sonoro golpear del martillo sobre el cincel; á mis oídos llegan las voces de los sobrestantes, el crujir de las maderas, el áspero chirrido de los tornos y la animada confusion de la muchedumbre que se afana en la ereccion del nuevo monumento. De todos los puntos de la península son llamados los maestros de obras mas famosos, los aparejadores mas inteligentes y los tallistas mas hábiles. Yo los contemplo rivalizar en prontitud y ciencia, agotando á porfía sus fecundas imaginaciones. Aquí el granito toma las formas de un encaje tan leve como el del rostrillo de una dama; allí el de un corcel fantástico, cuya idea inspiró tal vez uno de los nocturnos cuentos del hogar. Angeles, reyes, vírgenes, águilas, escudos, guirnaldas de hojas, grupos de flores son ya las toscas piedras que anima con solo tocarlas el genio.

Mas en mi imaginacion los años se condensan, y pasando como una ráfaga de humo con un nuevo dia veo al fin aparecer el edificio, doradas sus agujas por la luz que centellea en sus vidrios de colores, arrullado por la melancólica música del Tajo que corre á sus plantas, envuelto en la ligera bruma de la aurora y en las olas de perfumes y armonías de la naturaleza, que se estremece de júbilo al recibir el primer beso del sol.