Toledo
Toledo Pasan esos dias de júbilo que saludaron vuestra infancia, esos dias de exaltacion para el pueblo castellano á quien los Reyes Católicos dieron cien victorias y Colon un mundo; la religion busca en vuestro seno un asilo de paz á donde las pasiones y el tumulto de la vida vienen á morir con un suspiro como la ola en una playa desierta. Al fulgor de la naciente luna y sentado al pié de los sauces de vuestro claustro silencioso, me parece aun divisar á CÃsneros. En la estacion en que las amarillentas hojas de los árboles se desprenden unas tras otras, al frio soplo de la brisa de la noche que gime entre sus ya casi desnudas ramas. El breviario está abierto sobre las rodillas del joven novicio, su mirada se halla fija en el libro Santo, pero no lee. Las sombras le sorprendieron abismado en un éxtasis profundo, su espÃritu libre de los lazos terrenales, vaga por ese mundo invisible que á su antojo crea y transforma la fantasÃa. ¿Qué pensamientos hervirán en su mente? Tal vez resuenan en su oido los últimos rumores del mundo que acaba de abandonar, acaso ocupe su alma el recuerdo de una mujer querida. Las hojas secas arremolinadas á sus pies, crujen al soplo helado del viento como cruje la falda de seda de una hermosa. Un estremecimiento nervioso saca de su éxtasis al solitario soñador que revuelve en torno suyo la pupila,quizás buscando la sombra fugaz que ha creÃdo ver deslizarse ante sus ojos; pero en aquel instante un canto triste y solemne llega á su oido y ve cruzar entre la penumbra de los pilares, silenciosos y como una procesion de fantasmas, dos hileras de monjes cuya frente esconde la capucha, y en cuyas manos las hachas encendidas despiden una lúgubre claridad. Son los religiosos que conducen á su postrer morada á uno de sus hermanos. La sombrÃa idea de la muerte, ahuyenta el último desvarÃo de su irresoluta voluntad, su postrer recuerdo se desvanece con la lágrima que rueda por su mejilla, y la voz de la religion triunfa al fin en su alma.