Toledo
Toledo Pero las tribus del Norte se extienden sobre la envejecida Europa y á la regeneracion espiritual de las ideas, se une la material de las razas. El imperio dobla la frente ante sus vencedores, que despues de asolar sus templos y ciudades, no encontrando enemigos que combatir, se sientan sobre las destrozadas ruinas del capitolio, á reposar del ardor y el cansancio de las luchas. El cristianismo entonces, esa idea que marcha silenciosa á través de la desolacion y los combates, esa llama de fé que crece y se multiplica de dia en dia, viene á encontrarlos, y sin sangre, sin violencia, sin horrores, subyuga á aquellos guerreros indómitos, ante quienes las haces romanas se deshicieron como columnas de humo, y dándoles leyes, dándoles religion, dulcifica sus costumbres, enfrena sus pasiones, hace sus leyes, sus monarquías y su sociedad.
Entre los oscuros anales de esa segunda época de la era cristiana, volvemos á encontrar el reducido santuario, obra de los primeros defensores de la fé. Un Rey poderoso levanta con mano piadosa la Basílica sobre los antiguos restos de la tumba, y el arte que empieza á salir del profundo sueño en que se hallaba sumergido, merced á una tosca imitacion de la antigüedad, desplega en él las rudas galas que lo distinguen, agotando los recursos de su imaginacion sencilla y ardiente.
Una era brillante de gloria comenzó entonces para el edificio.