Brecht_ Ensayos y conversaciones
Brecht_ Ensayos y conversaciones Hasta aquí Aragon. Pero ¿cómo se convirtieron ellos en pioneros? Por cierto que no sin amargas luchas y muy difíciles definiciones. Los pensamientos que aquí he expuesto intentan extraer alguna conclusión de esas luchas. Se basan en un concepto, al que la polémica acerca de la posición de los intelectuales rusos le debe su decisiva clarificación: me refiero al concepto de «especialista». La solidaridad de los especialistas con el proletariado —en esto consiste el principio de esa clarificación— sólo puede ser mediata. Los «activistas» y los representantes de la «nueva objetividad» podían portarse como quisieran: no podían eliminar del mundo el hecho de que incluso la proletarización del intelectual casi nunca produce un proletario. ¿Por qué? Porque la clase burguesa en la forma de educación le dio un medio de producción que en base al privilegio de la educación hace solidario al intelectual con la clase burguesa o más bien a ésta con él. Es por tanto completamente exacto lo que aclaró Aragon en otro contexto: «El intelectual revolucionario aparece primero y ante todo como traidor a su clase originaria». Esa traición consiste en el caso del escritor, en una conducta por la que deja de ser un abastecedor del aparato de producción para transformarse en un ingeniero, cuya tarea es adaptar ese aparato a los fines de la revolución proletaria. Esta es una actividad intermediaria, pero ella libera al intelectual de aquella tarea puramente destructiva a la que Maublanc con muchos camaradas creen preciso limitarlo. ¿Consigue él fomentar la socialización de los medios de producción espiritual? ¿Ve él caminos para organizar a los trabajadores del espíritu en el proceso de producción? ¿Tiene algo que proponer para el cambio funcional de la novela, el drama, el poema? Cuanto más cabalmente logre él desarrollar su actividad en esa tarea, tanto más correcta será la tendencia, y tanto más elevada también, necesariamente, la calidad técnica de su trabajo. Y, por otra parte, cuanto mejor informado esté él acerca de su puesto en el proceso de producción, tanto menos tentado estará de presentarse como «hombre de espíritu». El espíritu que se hace perceptible en nombre del fascismo, debe desaparecer. El espíritu que enfrenta al fascismo en nombre de su propia fuerza milagrosa, va a desaparecer. Pues la lucha revolucionaria no se entabla entre el capitalismo y el espíritu, sino entre el capitalismo y el proletariado.