Brecht_ Ensayos y conversaciones
Brecht_ Ensayos y conversaciones El teatro clásico de los franceses hacÃa lugar entre los actores a las personas de alto rango, quienes tenÃan sus sillones en pleno escenario. A nosotros eso nos parece algo fuera de lugar. Del mismo modo, de acuerdo con los conceptos que rigen la dramaturgia actual, nos parecerÃa fuera de lugar que un tercero imparcial, como sobrio observador, como «el que piensa», ordenara los episodios en el escenario. Algo semejante ha intentado Brecht en muchas ocasiones. Se puede ir más lejos y afirmar que el intento de convertir al «pensador», sÃ, al sabio, en héroe dramático, fue emprendido por Brecht. Y justamente en base a esto se puede definir su teatro como épico. Este intento fue llevado al máximo en la figura de Galy Gay, el mozo de cordel. Galy Gay, el héroe de la obra «Un hombre es un hombre», no es más que un escenario de las contradicciones que integran nuestra sociedad. Tal vez no sea demasiado audaz, en el sentido de Brecht, considerar al sabio como el perfecto escenario de su dialéctica. De todos modos Galy Gay es un sabio. Pero ya Platón habÃa reconocido muy bien lo no dramático del ser superior, del sabio. En sus diálogos lo llevó hasta el umbral del drama —en Fedón—, hasta el borde del drama pasional. El Cristo medieval, que, como lo encontramos en padres de la Iglesia, representaba al sabio, es el héroe no trágico por excelencia. Del mismo modo, en el drama profano de Occidente no cesó la búsqueda del héroe no trágico. En constante desacuerdo con sus teóricos, este drama se ha desprendido una y otra vez de la auténtica estructura de lo trágico, es decir, de lo griego, para buscar nuevas formas. Este camino importante, pero mal trazado (que aquà puede aparecer como imagen de una tradición), pasa en la Edad Media por Hroswitha y los Misterios; en el barroco por Gryphins y Calderón. Más tarde reaparece con Lenz y Grable y finalmente con Strindberg. Las obras de Shakespeare permanecen como monumentos a la vera de ese camino, y Goethe lo cruzó con la segunda parte de Fausto. Es un camino europeo, pero sobre todo, alemán. Si es que se puede hablar de un camino y no tan sólo de un sendero de contrabandistas, por el que nos ha llegado la herencia del drama barroco y medieval. Esa huella reaparece hoy, tan borrosa y llena de malezas como siempre, en los dramas de Brecht.
