Desembalo mi biblioteca
Desembalo mi biblioteca Ningún palacio de rey ni lujosa mansión campestre se ha beneficiado de la milésima parte del amor decorativo que se dedicó a las letras en el curso de la historia de la cultura. Primero, por el placer de lo bello y para honrarlas, pero también con una intención astuta. Las letras son, en efecto, las columnas de un pórtico en cuya parte superior se podría perfectamente haber inscrito lo que Dante leía por encima de la entrada al Infierno; era, pues, necesario que la figura originaria de esas letras, en su rudeza, no asustara a los numerosos infantes destinados a cruzar todos los años su portal. De ahí que se colgaran guirnaldas y arabescos de cada una de esas pilastras. Pero sólo más tarde se vio que no se hacía la cosa más fácil a los niños cuando se recubría con ornamentos des mesurados la estructura de las letras, a fin de darles una forma más atractiva.
