Diario de Moscu
Diario de Moscu No puedo evaluar todo esto. Básicamente, aquí la situación permite y requiere que uno, desde adentro, adopte una postura, incluso si se trata de una postura escéptica en muchos aspectos; desde afuera, lo único que se puede hacer es observar. Es realmente imposible predecir qué va a resultar de todo esto en Rusia: tal vez una sociedad realmente socialista; tal vez algo completamente distinto. Está en curso la batalla a partir de la cual se decidirá eso. Es más productivo estar en contacto con esta situación. Pero, pese a que reflexiono bastante, me es imposible involucrarme del todo. Falta determinar hasta qué punto podré establecer relaciones concretas que produzcan resultados. Todo indica que es probable que, de ahora en más, empiece a escribir varios artículos para algunos periódicos rusos y que haga un trabajo sustancial para la Enciclopedia. Hay mucho por hacer y una gran escasez de colaboradores competentes en el área de las humanidades. Más allá de eso, todavía no estoy seguro de qué escribiré sobre mi estadía aquí. Creo que ya te mencioné que reuní una gran cantidad de material en forma de diario. El encantador zumbido de un samovar me permitió olvidarme del terror que le tengo a la víspera de Navidad. Hubo muchas cosas hermosas: un paseo en trineo por los bosques rusos cubiertos de invierno para visitar una niña hermosa en una clínica infantil de primera línea. Fui con frecuencia al teatro, sobre el que se tienen ideas erróneas en el extranjero. A decir verdad, de todas las obras que vi hasta ahora, la única de gran importancia fue la producción de Meyerhold. A pesar del gélido frío (por debajo de los veintiséis grados bajo cero), es muy agradable caminar por la ciudad; eso es si no estoy exhausto, que es lo que sucede con frecuencia por mis dificultades con el idioma y el rigor de la vida cotidiana aquí. Pero una visita a esta altura del año es muy buena para mi salud y, al fin y al cabo, hacía mucho tiempo que no me sentía tan bien. Pero todo es muy caro, a un nivel inimaginable. Parece que Moscú es el lugar más caro del mundo. Te contaré detalles más concretos sobre la vida aquí cuando regrese. ¿Te llegó mi cabeza fotografiada por Stone? ¿Cómo estás tú? ¿Fue Ilse[181] a Berlín? ¿Cómo está Fritz? Escríbeme una linda carta al respecto y usa muchas hojas de tu papel de piel de cebolla. Puedes dirigírmela en cursivas, pero contéstame con mucho cariño. Te deseo demonios placenteros para el año nuevo.