Diario de Moscu
Diario de Moscu Mi visita a Moscú duró un poco más de lo que yo esperaba. Y cuando volví a Berlín tuve que lidiar con una gripe. He estado de vuelta en el trabajo desde hace algunos días ya, pero no podré enviarte el manuscrito antes del fin de febrero. ¿Serías tan amable de hacerme saber cuándo te vas a Alemania? Haré lo posible por que tengas en tus manos el manuscrito por lo menos ocho días antes de tu partida. El trabajo de Wittig[192] al que te referías es valioso e iluminador. Hay algo que te puedo asegurar con certeza. Es algo negativo: mi presentación carecerá de toda teoría. En esta moda espero triunfar dejando a la «criatura» hablar por sí misma: en la medida en la que haya triunfado en aprovechar y traducir este idioma nuevísimo y desorientador que hace fuerte eco a través de la máscara resonante de un ambiente que ha sido completamente transformado. Quiero escribir una descripción de Moscú en este momento en el que «toda la factualidad es teorizada» y que por lo tanto se abstendrá de cualquier abstracción deductiva, de cualquier pronosticación e incluso, dentro de ciertos límites, de cualquier juicio. Todas éstas, estoy absolutamente convencido, no pueden ser formuladas basándose en información espiritual sino en hechos económicos sobre los que pocas personas, incluso en Rusia, tienen un conocimiento lo suficientemente amplio al respecto. La Moscú actual revela un rango de posibilidades en forma esquemática: sobre todo el rango de posibilidades que implica el triunfo o el fracaso de la Revolución. En cualquier caso, resultará algo imprevisible y su imagen será muy diferente a cualquier boceto programático que uno pueda dibujar del futuro. Los resultados de ésto están claramente visibles en el pueblo y en su entorno.