Diario de Moscu
Diario de Moscu La tarde anterior le había enviado un telegrama a Dora para felicitarla por su cumpleaños. Luego subí por la Myasnitskaya hasta llegar a la Puerta Roja, donde a continuación doblé por una de las amplias calles laterales que allí nacen. Durante este paseo, cuando ya había anochecido, descubrí el paisaje que forman los patios de Moscú. Hacía un mes que estaba en Moscú. El día transcurrió sin sucesos dignos de mención. Mientras desayunábamos en la confitería, lugar que muy probablemente recordaré a menudo, Reich me dio su análisis del contenido de la cartelera de cine que le había llevado la noche anterior. Luego fui a dictar a casa de Basseches. Puso a mi disposición a una mecanógrafa bonita y simpática, y muy competente. Pero cuyos honorarios son de tres rublos la hora. Todavía ignoro si podré afrontar ese gasto o no. Después del dictado, Basseches me acompañó al Dom Herzena. Comimos los tres juntos. Ni bien terminó de comer, Reich se fue a ver a Asja. Yo me quedé un rato con Basseches, e incluso conseguí convencerlo para que fuéramos a ver Shtorm[100] la noche siguiente. Finalmente me terminó acompañando hasta el sanatorio. El panorama que me encontré al subir era desolador. Todo el mundo se abalanzó sobre las revistas alemanas que yo tuve la imprudencia de llevar hasta allí. Por último, Asja fue clara con sus intenciones de ir a la modista, y Reich anunció que la acompañaría. Yo le dije «adiós» a Asja a través de la puerta y me eché a rodar hacia casa. Mi esperanza de verla aparecer a la noche en mi habitación no tuvo su eco en la realidad.
