Diario de Moscu

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23 de enero

(Ha pasado algún tiempo desde que mantuve este diario, así que tengo que resumir las cosas). Este fue el día en el que Asja hizo varios arreglos para irse del sanatorio. Se iba a mudar con Rachlin, por fin había encontrado un ambiente agradable. Sobre el transcurso de los días siguientes pude medir las posibilidades que se me habrían ofrecido en Moscú si se me hubiesen abierto antes las puertas de una casa como la suya. Ahora era demasiado tarde para aprovecharme de ellas. Rachlin vive en un ambiente amplio y limpio en el edificio que alberga los Archivos Centrales. Vive con una estudiante que dijo ser muy pobre y que no quiere vivir con ella por orgullo. Miércoles, sólo dos días después de haberla conocido, me da una daga Caucásica de regalo, una pieza hermosa de plata, aunque se suponía que era para niños y no era costosa. Asja aseguraba que iba a agradecer este regalo. De todos modos, Asja no era más accesible para mí durante el tiempo que se quedó con Rachlin de lo que había sido en el sanatorio. Había un General del Ejército Rojo siempre presente que se había casado hacía sólo dos meses, pero que había estado cortejando a Asja en cualquier manera concebible, y le había pedido que se escapara con él a Vladivostok, donde lo habían transferido. Él dijo que quería abandonar a su esposa en Moscú. Uno de esos días, el lunes para ser exactos, Asja recibió una carta de Astachov que había sido enviada desde Tokyo y remitida desde Riga por Elvira. El jueves, mientras nos íbamos con Reich, ella me contó lo que decía en detalle, y sacó el tema a relucir nuevamente a la tarde. Aparentemente Astachov la piensa mucho y desde que ella le pidió le consiguiera un chal con flores de cerezo él probablemente pasó —o al menos eso digo yo— medio año buscando nada más que chales de flores de cerezo en las vidrieras de Tokyo. Esa mañana le dicté una nota atacando a Blei como así otras cartas. Estaba de muy buen humor ese mediodía, hablé con Asja, pero sólo recuerdo que después de salir de su habitación para agarrar su maleta y llevarla a mi casa, me siguió hasta la puerta y me dio su mano. No sé qué esperaba ella de mí, quizás absolutamente nada. Recién al siguiente día me di cuenta de que Reich había organizado todo un esquema para que yo fuera el único en transportar la maleta porque él se sentía enfermo. Dos días después, luego de la mudanza de Asja, se fue a la cama de la habitación de Manya. Pero se está recuperando rápidamente de la gripe. Así que tuve que seguir dependiendo enteramente de Basseches por los arreglos con respecto a mi partida. Quince minutos después de que me fui del sanatorio, nos encontramos en la estación de ómnibus. Había hecho planes para ir al teatro Vakhtangov esa tarde con Gnedin. Pero tenía que acompañar a Reich junto a su secretaria porque yo quería hacer uso de sus servicios la mañana siguiente, durante las proyecciones en el cine Gos. Todo funcionó. Luego Reich me puso en un trineo y me fui al Vakhtangov. Gnedin y su esposa llegaron quince minutos después de que la obra empezó. Justo estaba decidiendo irme y, recordando el domingo anterior en el teatro Proletkult, me empecé a preguntar si Gnedin estaba loco. Pero ahora no quedaban más entradas. Finalmente se las arregló para llegar, pero no nos sentamos cerca y durante el transcurso de varios actos, nos involucramos en todo tipo de permutación de asientos, ya que había dos lugares adyacentes y otro solo. La esposa de Gnedin era rechoncha, amistosa y reservada, y a pesar de esto, tenía aspectos completamente planos y sin encanto. Después de la obra, ambos me acompañaron a Smolensk Ploshchad, donde me tomé un tranvía.


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