Diario de Moscu
Diario de Moscu Varios dÃas de maravilloso clima cálido. Moscú otra vez se siente más cerca de mÃ. Siento el deseo de aprender ruso, como me pasó durante los primeros dÃas de mi estadÃa. Está bastante cálido, pero el sol no es enceguecedor, asà que me resulta más fácil observar qué sucede alrededor de mà en las calles y considero que cada dÃa es un regalo que se me ha concedido dos o tres veces, porque son dÃas hermosos, porque Asja está conmigo frecuentemente y porque cada uno de estos dÃas es un regalo que me hice a mà mismo al extender la duración planeada de mi estadÃa. Encima de todo, los vendedores ambulantes: un hombre con un montón de pistolas para niños colgando de sus hombros, disparando una de ellas a cada rato, el disparo haciendo eco por la calle, a través del aire limpio. También muchos vendedores ambulantes vendiendo canastas de todo tipo, canastas de colores que parecen como los que puedes comprar en cualquier lugar de Capri, con dos manijas, con diseños geométricos estrictos, motivos de cuatro colores enmarcados en sus cuadrados. También vi un hombre con una maleta grande de mimbre con hebras de paja verde y rojas que se entrelazan, pero no era un vendedor ambulante Esta mañana intenté, sin éxito, acelerar el asunto de mi baúl en la aduana. Ya que no llevaba mi pasaporte (habÃa sido consignado para obtener mi visa de salida), acordamos aceptar el baúl pero no autorizarlo. No pude arreglar nada en toda la mañana, almorcé en un restaurante pequeño en un sótano y me fui a ver a Reich al mediodÃa, le llevé algunas manzanas que Asja habÃa pedido. No vi a Asja en todo el dÃa, pero tuve dos largas conversaciones telefónicas con ella al mediodÃa y a la noche. Pasé la noche trabajando en mi réplica del ensayo de Schmitz sobre Potemkin[161].
