Diario de Moscu
Diario de Moscu Estoy añadiendo ciertos detalles sobre Moscú que noté únicamente aquí en Berlín (lugar donde, desde el 5 de febrero, continué escribiendo las notas del 29 de enero en adelante). Para alguien que llega desde Moscú, Berlín es una ciudad muerta. La gente en la calle parece desesperadamente aislada, cada uno a gran distancia de los otros, solos en el medio de una vasta extensión de calle. Más aún: mientras viajaba desde la estación de tren del zoológico hacia el Grunewald, el barrio me impactó con su pulcritud, su excesiva limpieza, excesiva comodidad. Los aspectos relativos a la imagen de la ciudad y sus habitantes también son válidos para caracterizar su mentalidad; la nueva perspectiva que uno adquiere sobre estas cuestiones es una consecuencia indiscutible de la estadía en Rusia. Por más que se conozca muy poco sobre ese país, uno aprende a observar y juzgar a Europa con una conciencia lúcida sobre lo que allí acontece. Esto es primordial para un europeo en Rusia. Por otra parte, es precisamente la razón por la que una estadía allí es una piedra de toque para el visitante extranjero. Obliga a todos a elegir y definir cuidadosamente su punto de vista. En general, cuanto más marginal, privado e inadecuado con respecto a la experiencia rusa sea este punto de vista, más se prestará a las teorizaciones insustanciales. Cuando uno se interna más profundamente en la situación de Rusia, deja de sentirse inmediatamente atraído hacia las abstracciones que surgen sin demasiado esfuerzo en la mente de los europeos. Durante los últimos días de mi estancia me pareció notar que los vendedores mongoles, con sus coloridas mercancías de papel, aparecían de nuevo con más frecuencia. Vi a un hombre —aunque no mongol, sino ruso— que, además de las canastas, vendía pequeñas jaulas de papel brillante con pequeños pájaros de papel en su interior. Pero también encontré casualmente un loro de verdad, un Macaw blanco: estaba en la Miasnitskaia, sobre un cesto de lencerías que una mujer vendía a los transeúntes.
