Discursos interrumpidos I
Discursos interrumpidos I Toda provocación de demandas fundamentalmente nuevas, de esas que abren caminos, se dispara por encima de su propia meta. Asà lo hace el dadaÃsmo en la medida en que sacrifica valores del mercado, tan propios del cine, en favor de intenciones más importantes de las que, tal y como aquà las describimos, no es desde luego consciente. Los dadaÃstas dieron menos importancia a la utilidad mercantil de sus obras de arte que a su inutilidad como objetos de inmersión contemplativa. Y en buena parte procuraron alcanzar esa inutilidad por medio de una degradación sistemática de su material. Sus poemas son «ensaladas de palabras» que contienen giros obscenos y todo detritus verbal imaginable. E igual pasa con sus cuadros, sobre los que montaban botones o billetes de tren o de metro o de tranvÃa. Lo que consiguen de esta manera es una destrucción sin miramientos del aura de sus creaciones. Con los medios de producción imprimen en ellas el estigma de las reproducciones. Ante un cuadro de Arp o un poema de August Stramm es imposible emplear un tiempo en recogerse y formar un juicio, tal y como lo harÃamos ante un cuadro de Derain o un poema de Rilke. Para una burguesÃa degenerada el recogimiento se convirtió en una escuela de conducta asocial, y a él se le enfrenta ahora la distracción como una variedad de comportamiento social[28]. Al hacer de la obra de arte un centro de escándalo, las manifestaciones dadaÃstas garantizaban en realidad una distracción muy vehemente. HabÃa sobre todo que dar satisfacción a una exigencia, provocar escándalo público.