Cartas de amor
Cartas de amor SEÑORA:
El fuego en que me consumís produce un humo tan escaso que desafío al más riguroso capuchón[25] a ennegrecer allí su conciencia y su humor; ese fulgor celeste, por el que tantas veces San Javier[26] quiso rasgar su jubón, no era más puro que el mío, pues os amo como él amaba a Dios: sin haberos visto jamás. Cierto es que quien me habló de vos hizo un cuadro tan acabado de vuestros encantos que, en tanto duró el trabajo de su obra maestra, no me imaginé que os pintaba, sino que os creaba.
