Cartas de amor
Cartas de amor SEÑORA:
Me queréis bien. ¡Oh! Desde la primera lÃnea soy vuestro más humilde, más obediente y más apasionado servidor; pues ya siento el alma elevarse tan lejos de mà por su exceso de alegrÃa que habrá pasado sobre mis labios antes de que tenga tiempo de terminar mi carta: no obstante, hela aquà concluida; e incluso puedo, si quiero, cerrarla.
También creo, ya que vos me aseguráis vuestro afecto, que no son necesarias tantas lÃneas[28] contra una plaza que ya ha sido tomada, ni que un héroe muera de pie, ni menos un enamorado llorando. Me hubiera despedido de vos y del Sol sin daros a conocer mi amor, pero estoy obligado a emplear los últimos suspiros de mi vida en publicarlo, diciéndoos: adiós, expiro de amor, vos sabréis bien por qué.
Creeréis que la muerte de los amantes no es otra cosa que una manera de hablar y que a causa del parecido que guardan los nombres del amor y de la muerte[29] a menudo se toma el uno por el otro: pero estoy muy convencido de que no dudaréis de las posibilidades del mÃo cuando hayáis considerado la vehemencia y lo prolongado de mi enfermedad y, más aún, cuando después de haber leÃdo este discurso encontréis el final.
Señora, vuestro servidor.
