Cartas de amor
Cartas de amor SEÑORA:
Os quejáis de haber reconocido mi pasión desde el primer momento en que la Fortuna me empujó a vuestro encuentro; pero vos, a quien vuestro espejo cuando os devuelve vuestra imagen muestra que el Sol posee toda su luz y todo su ardor en el momento en que se manifiesta, ¿qué motivo tenéis de quejaros por algo a lo que ni vos ni yo podemos oponer ningún obstáculo? Tan natural resulta al esplendor de los rayos de su belleza iluminar los cuerpos, como al mío reflejar hacia vos esta luz que ejercéis sobre mí; ¡y lo mismo que le es propio a la fuerza del fuego de vuestras ardientes miradas encender una materia predispuesta, le es también a mi corazón el poder ser consumido! No os quejéis pues, señora, con injusticia de este admirable encadenamiento, cuya Naturaleza juntó en una sociedad común los efectos con sus causas.
