Cartas de amor
Cartas de amor SEÑORA,
Sabéis que carecía de conocimiento alguno de las cadenas con que el Cielo me había condenado, cuando pescando os vi por primera vez. Cierto es que si estando yo tan cerca de las redes no hubiera sido capturado, se hubiera debido a un azar excesivo; y aun cuando hubiera escapado de las redes, vuestra encantadora carta me ha dado a conocer que no hubiera podido escaparme de vuestras líneas, que presentaban tantos anzuelos como palabras y cada palabra no estaba compuesta más que de muchos caracteres escritos para hechizarme.
Recibo esta bella misiva con los respetos que requiere la expresión diciendo que la adoro[51], si fuera capaz de adorar alguna otra cosa que no fuerais vos. La besé al menos. Y me imaginaba que al besarla, besaba vuestro mismo espíritu, del que ella era autora. Mis ojos encontraban placer en rehacer de manera invisible las mismas letras que vuestra pluma había escrito; insolentes por su suerte, atraían hacia sí toda mi alma y con prolongadas miradas se juntaban en el bello lapicero de la vuestra para unirse a su ídolo, pero se sentían prisioneros[52]; lloraban a fin de que sus lágrimas, a manera de otros pequeños ojos que se colocaban en su lugar, escaparan de la red, pues no podían salir del cuerpo.
